VALORES: FOMENTANDO EL NACIONALISMO DE PERTENENCIA
El núcleo central es la concientización como valor (gráfica 10), buscando el desarrollo ideológico y operativo del fondo y de las formas. Son los valores que proponemos para la primera etapa de “México, ¡únete a la Excelencia!”. Tenemos como base fundamental el valor de la superación, el primer gran concepto de nuestra misión es lograr despertar en el mexicano el “sí puedo lograrlo”, el “sí soy capaz de hacerlo”, el creer en nosotros mismos, el elevar nuestra propia autoestima, el tener fe en nuestras potencialidades, el sabernos poseedores de una gran capacidad.
En la medida que podamos acrecentar la autoestima de cada trabajador, la calidad se verá incrementada por consecuencia. Esto nos lleva a un concepto de superación permanente, de mejora continua. Predicamos en el Colegio de Líderes Miguel Ángel Cornejo, en forma clara, que para elaborar productos de calidad primero debemos formar seres humanos de calidad. Cuando llegamos a un restaurante ¿quién nos atiende?, ¿qué manos tocan al cliente? No las del dueño del restaurante, sino las que nos sirven, nos tocan las manos de un mesero. En un hotel tampoco nos toca el dueño del hotel, nos están tocando las manos de un maletero o del recepcionista, ésas son las manos que hacen la calidad.
Después tenemos algo que se llama aprendizaje, la humildad por aprender. Es fundamental entender que los mexicanos tenemos que conceptualizar la megatendencia del siglo XXI, algo que ha sido repetitivo en los principales foros mundiales por los grandes analistas de nuestro tiempo, como Alvin Toffler, John Naisbitt, Joel Arthur Barker, quienes coinciden con lo que ya hace algún tiempo también dijo Winston Churchill: “Los imperios del futuro serán los imperios de la mente”. Son los imperios del siglo XXI.
No tenemos alternativa, fue el camino que recorrieron los tigres de Asia, primero buscaron aprender, se apoderaron del conocimiento, después en consecuencia se apoderaron de la riqueza del mundo. Tenemos que aprender también algo que es fundamental, esa soberbia inconsciente que nos quedó a los mexicanos, soberbia que se ve reflejada en la forma en que uno humilla a otro. Soberbia, una palabra que llevamos en el inconsciente colectivo, pero que siempre la estamos ejerciendo porque es la forma de manifestar nuestro complejo de inferioridad. Soberbia de creer que lo sabemos todo y que nadie nos puede enseñar ya nada, en similitud a un producto terminado al que ya no se le puede agregar nada porque ya está listo para su consumo.
Ejemplo, una persona se acaba de comprar un automóvil, llega con sus amigos y a los tres segundos la pregunta obligada, “¿cuánto té costo?”, y el otro contesta: “100 mil pesos”, la respuesta inmediata es “mi compadre te lo hubiera conseguido por 80 mil pesos” y le agrega la palabra inconsciente, “pendejo”. A partir de ese momento lo ridiculiza porque le está tratando de demostrar que él es mejor y que puede por supuesto humillarlo, que siempre será superior a él y esta palabra, que la utilizamos con tanta frecuencia, no es otra cosa que el reflejo de 500 años de un indio marginado, considerado inferior por el conquistador, y que hoy después de siglos nosotros lo seguimos viviendo, humillando a las personas sobre las que podemos ejercer un poco de dominio. ¿Qué es un supervisor a la mexicana?, en esencia no es otra cosa que un “agarrapendejos”, por supuesto. ¿Para qué está ahí?, pues para ver las pendejadas que hace la gente; es una conducta similar que enfrentamos la mayoría de las veces al acudir con un funcionario atrás de una ventanilla de gobierno.
Tenemos a continuación la honestidad, ¿qué es la lealtad y la veracidad? Uno de los conceptos del inconsciente colectivo mexicano es nuestra gran habilidad para mentir, para prometer aunque sabemos que nunca vamos a cumplir, decimos que sí sin estar seguros que lo vamos a hacer. Un ejemplo clásico, el señor que llega con su automóvil a un taller mecánico y le pregunta al encargado: “Maestro, ¿para cuándo está mi coche?”, y le contesta el maestro, sabiendo que no va cumplir: “Dios mediante para pasado mañana”. Y llegado el día: “Maestro, ¿y mi coche, qué sucedió?”. “Si Dios no dispone otra cosa para el viernes”, y el viernes no está el coche y el mecánico dice: “Si Dios nos ayuda para el lunes próximo”. “Y si dejamos a Diosito fuera del negocio ¿como para cuándo estará el coche?”. Tenemos que acostumbrarnos a ser veraces, a cumplir con lo que prometemos para inspirar confianza. La lealtad en el inconsciente colectivo mexicano es a la persona, al jefe o al amigo, pero no a la institución ni a la organización.
Tenemos que crear el valor del nacionalismo de pertenencia y prosperidad. Se ha hablado muchísimo de nacionalismo en nuestro país, pero hay que entender qué es la nación: es el lugar donde nací, mi origen, el lugar al que pertenezco, entonces me tienen que pertenecer las calles, el aire, los ríos. Ser propietario de mi nación significa cuidarla y protegerla. Tenemos que entrar a una nueva generación de nacionalismo. También hay que conceptualizar que la vinculación en un nacionalismo, como son los símbolos, las tradiciones, las costumbres, cubren un objetivo fundamental, darnos una identidad nacional.
Pero también debemos pensar que son tiempos de abrir nuestra mente, y no encerrarnos en ese nacionalismo anacrónico y aberrante, que está llevando a una división en Europa, el asesinarse unos pueblos contra otros por un pedazo de tierra. Debemos comprender que el tiempo es de asociación, es tiempo de fusiones, de unión, de alianzas estratégicas. Ya no podemos encerrarnos los mexicanos pensando que nos vamos a degradar si nos asociamos con otras naciones, debemos de tener una mente mucho más abierta en una nueva generación de nacionalismo. El nacionalismo nos vincula con un pasado y nos permitió expulsar en su momento al invasor, pero hoy el nacionalismo es amar a nuestra gente y entender que la estrategia es abrir nuestra óptica para aspirar a estados superiores de prosperidad.
Miguel Ángel Cornejo
Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
México ¡Únete a la Excelencia!
Tomo III, pág. 1085