Un hermoso, frondoso y poderoso nogal en la mitad del valle se sentía complacido todas las tardes cuando un grupo de niños se citaban a su alrededor pues era su escondite, lo trepaban por sus ramas y sus risas le alegraban. Un pequeño en especial era el último en retirarse, le platicaba curiosamente todo lo que sentía, de hecho el nogal también se comunicaba con él, pareciera ser que él era el único que escuchaba su voz.
El pequeño dejó de visitarlo, años después ya siendo un adolescente pasó cerca del nogal el cual le gritó:
—Pequeño, acércate, ¿por qué ya no me visitas?
—Ya soy un hombre y no tengo tiempo para niñerías, ¡ahora necesito ganar dinero y mucho!
—Toma mis frutos, véndelos en el mercado.
El joven de inmediato se dio a la tarea arrancando no solamente la fruta madura sino la que aún era demasiado pequeña para ser vendida, su ambición era tal que lo despojó totalmente.
Años después cuando el joven ya era adulto, se acercó al nogal solicitándole ayuda:
He amado y también odiado a las palabras, las que me han alejado de los seres que amo, y han sido también el camino para volver a encontrarlos.
Las palabras siembran la fe en el futuro que nos alegra el alma. Son las palabras que construyen, que alientan para avanzar, para amar y perdonar, que nos consuelan; bálsamo que acaricia el alma, palabras que nos marcan permaneciendo para siempre y que al recordarlas nos iluminan el presente, nos transportan a la dimensión del infinito, palabras que brotan del corazón. Es la auténtica palabra la que llena la esencia de nuestro ser.
—Amigo árbol, ahora vengo a pedirte un favor.
—Haré todo cuanto pueda —contestó el nogal.
—Necesito construir una casa sólida y fuerte en donde vivir, ¿me podrías regalar algunas de tus ramas?
—Por supuesto, algunas son muy grandes y fuertes.
El hombre taló hasta las ramas pequeñas dejando solamente el tronco.
El nogal languideció y se empezó a secar pues ya no tenía la fuerza para hacer crecer nuevamente su follaje.
Ya siendo un tronco casi seco, el hombre se le volvió a acercar y le confió:
—Ahora deseo viajar y no sé cómo lograrlo.
El nogal le indicó:
—Corta mi tronco, haz una lancha para que puedas a través de los ríos el mundo recorrer.
Y así es como finalmente murió el nogal.
Reflexión: ¿El amar debe ser incondicional? Una moneda tiene dos caras, si no sería falsa, dar y recibir, muchas veces cometemos el error de solamente dar sin pedir nada a cambio. En la vida debemos y tenemos que aprender que el saber dar y recibir es la esencia de la sabiduría de vivir.