Todos los seres humanos al ser concebidos
recibimos el primer Don de Dios que es la dignidad y de ella
somos responsables hasta el final de nuestra vida, algunos
la preservan, otros la subastan al mejor postor, se venden y
se entregan a intereses bastardos, humillando y
corrompiendo, ofendiendo y aplastando los derechos de los
demás.
La dignidad es la piedra angular de todo ser
humano, sin ella nuestro barco navega sin brújula y sin
destino alguno, tener dignidad es reconocer el derecho de
todos los seres humanos a una vida digna, a la educación, al
amor, al respeto, a la libertad, pues no importando
nacionalidad, raza o color todos tenemos el derecho de
vivir.
Es la dignidad humana el último reducto de la propia
libertad, el ser humano puede someterse a las peores
humillaciones, es más, a perderlo todo, si salva su dignidad
se mantendrá en pie para siempre, tener dignidad es tener
respeto a sí mismo, a sus valores y creencias; por dignidad
muchos seres humanos se han ganado el derecho a la
inmortalidad, digno es aquél que se siente ofendido cuando
le piden que renuncie a sus principios fundamentales y no
importando las consecuencias lucha hasta el final por
defenderlos.
Digno es aquel que ama sobre todas las cosas
su propia integridad y ya podrán bajarlo a los infiernos
mismos pero nunca renunciará a su propio respeto, al amor a
sí mismo, a su nación, a sus padres, al amor a Dios que le
dio el primer soplo de vida y con ello la conciencia de ser
hijo del creador, obra magistral, llamada a cumplir
principios fundamentales: Tener dignidad es morir con la
conciencia tranquila, por que salvamos el alma y nos da
derecho a ser hijos de Dios.
Miguel Ángel Cornejo
Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
Un compromiso con la vida
Tomo IV, pag. 1592