Para ello es necesario que identifiquemos a
nuestros clientes, tanto dentro de la organización como fuera de ella y
que nos preguntemos qué es lo que les produce satisfacción.
A toda satisfacción corresponde una necesidad, por
eso, en la medida en que estemos alerta para producir satisfacciones,
crearemos necesidades.
La búsqueda de satisfactores enriquece y desarrolla
nuestro potencial de servicio al prójimo. La necesidad es lo que pide el
cliente; la satisfacción es nuestra acción creativa para producirle
necesidades. Imaginemos cómo podríamos satisfacer al mercado sin pensar
en hacer únicamente lo que nos pida. Por ejemplo, hagamos pruebas piloto
de nuevos productos involucrando a los clientes. Si les satisfacen
plenamente pensemos en incorporarlos a nuestra línea de productos.
Podemos concluir con esto: “Produciendo
satisfactores descubrimos necesidades”.
Esto es aplicable no sólo en el trabajo; también en
nuestros otros roles debemos enriquecer nuestra vida. Todos somos
vendedores de valores, ideas, principios y acciones y todos tenemos
clientes. Si nos manejamos bajo el principio de “qué te puedo
proporcionar para hacerte más feliz”, encontraremos que las personas a
quienes servimos nos apreciarán y se sentirán con el deseo de volver a
vernos. Hay que satisfacer hasta en el más mínimo detalle y procurar dar
lo mejor en todo: decoración, limpieza, servicio, entrega, higiene
personal, etc.
II. “Estando alerta y emprendiendo la acción,
aseguramos nuestro éxito actual y futuro”.
Esto significa mantener una actitud despierta,
pendiente y por qué no, anticipada a lo que se pueda ofrecer. No
esperemos a que nos pidan algo, atendamos lo que no se nos solicite.
Actuando y estando alerta aseguraremos el futuro. Los ascensos, premios
y gratificaciones vendrán solos, ya que los anteriores son fundamentales
en la calificación del mérito personal.
III. “Con la calidad total logramos clientes de por
vida”.
El todo es la suma de las partes. Calidad total no
es sólo calidad en uno o varios aspectos de nuestra actividad.
“Calidad total” es la calidad del individuo
integral y comprende además del cumplimiento de sus obligaciones, el
poseer un carácter amistoso, de atención y cortesía hacia los demás.
Una persona con calidad es una persona rica y que
enriquece todo lo que hace. Pensemos hacer clientes para toda la vida.
Mi jefe, mi compañero de trabajo o mi subordinado son también mis
clientes.
Los seres extraordinarios se hacen indispensables y
necesarios, ya que no cobran lo que valen sus servicios, siempre dan
más. En el aspecto personal, el matrimonio es una relación de muchos
años. Por qué no pensamos que nuestro cónyuge es un cliente para siempre
que debemos conservarlo día a día satisfaciéndolo plenamente.
IV. “Dando valor agregado a nuestros servicios
logramos la Excelencia”.
Da más de lo que se espera de ti y hazlo saber al
que lo recibe, para que aquilate tu esfuerzo. Haz que los demás sientan
que reciben mucho más de lo que pagaron o de lo que valen.
El hombre que busca el éxito no se puede limitar en
servir. Al contrario, se desvive por hacerla y lo hace bien a pesar de
todos los problemas.
En el aspecto personal, luchemos por ser los
mejores esposos, padres, hijos y hermanos. Seamos fuera de lo común, no
mediocres. Sólo el ser extraordinario da la milla adicional.
V. “Para la empresa su gente es su mayor riqueza”.
La partida más. Alta de nuestra organización son
los sueldos y salarios. La empresa considera que el personal es su mayor
riqueza. Debemos hacerles sentir que son seres ricos, con un potencial
extraordinario y responsables de explotar su propia riqueza. Hay que
escuchar, dar un trato motivacional, crear expectativas e influenciar
positivamente. Todo el personal en posición de mando debe actuar así.