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El líder solitario

 

Para el líder, la soledad representa una valiosa oportunidad de encontrarse a sí mismo; no es una soledad que circunstancialmente le sale al encuentro, es un espacio por él buscado; está consciente que es necesario revisar su vida, replantearse sus estrategias y por supuesto juzgar por él mismo la calidad de sus acciones; detenerse para revisar el camino recorrido, lo hasta hoy realizado, revisar el mapa de su existencia para identificar cuál es el camino que debe seguir, la brújula, que son sus principios vertebrales, le guían para decidir ir por la ruta más acertada y lo más importante: revalorar sus objetivos finales, la misión por cumplir.

 

La soledad, a diferencia de la mayoría de las personas a quienes les significa un pozo de amargura, para el líder representa una fuente de inspiración. Se ha pensado tradicionalmente que la mayoría de los líderes son seres solitarios; le aseguro que ellos encuentran en ella la posibilidad de reconciliarse con la vida, de nutrirse de sus propias reflexiones y abastecerse de nuevas energías, que le permitan continuar con renovados bríos su lucha por alcanzar su sueño.

 

Si usted aspira a la Excelencia tendrá que hacerse el hábito de la reflexión y para ello es necesario identificar la auténtica soledad, que le permita una introspección profunda de su persona vista por usted mismo. Existe un miedo casi natural en los seres humanos de encontrarse a sí mismos, y es tal el pánico que nos produce escuchar nuestra conciencia, que inconscientemente nos volvemos en cierta medida mitómanos, nos autoengañamos e invariablemente encontramos una razón que justifica nuestros errores, fracasos y equivocaciones. Nos escondemos detrás de una realidad ficticia con la que lograremos temporalmente silenciar la conciencia y entre comillas vivir en paz, la cual es tan frágil, que en cualquier momento, de lo más profundo de nuestro ser se nos señala con un dedo acusador lo que hicimos en forma equivocada.

Debemos buscar un espacio diario para salirnos del escenario y observarnos con toda objetividad. Es cierto que todos hemos vivido momentos de éxito, que nos llevan a un estado de éxtasis, y que nos producen una gran satisfacción por lo que hemos logrado. Esto es un alimento valioso para nuestra autoestima, pero detenernos solamente en el deleite del triunfo nos produce soberbia y corremos el riesgo de perder piso, salimos de la realidad, lo que sucede con mucha frecuencia a nuestros líderes políticos, sociales, empresariales o religiosos.

Hacemos conscientes de nuestros errores no es, por supuesto, convertirnos en seres sádico-masoquistas y cargar con culpas toda la vida, sino para fortalecer nuestra humildad y sobre todo para aprender de éstos y poder surgir nuevamente con mayor experiencia y sabiduría.

 

Soledades compartidas con nosotros mismos, sería tal vez la mejor definición de estos trascendentales encuentros con nuestra vida y si logramos que sean profundos y sinceros, serán una pauta de inspiración fundamental para tomar decisiones. Gandhi se abstenía de hablar un día entero a la semana y en compañía de sus propios pensamientos buscaba las respuestas que necesitaba.

 

Por el exceso de actividades en que vivimos, creemos que tenemos más problemas de los que podemos resolver y nos vemos atenazados por las ansias y la desesperación con las consecuencias nefastas para nuestra salud física y emocional. Cuando logramos entender el valor de la soledad y la reflexión, nos resulta muchas veces increíble la facilidad con la que identificamos la solución a nuestros problemas y de esos momentos nos inspiramos para hacer cambios radicales en nuestras vidas.

La soledad que nos produce tristeza, es aquella en la que anhelamos la presencia de otra persona y su ausencia nos acusa por alguna falta que cometimos con ella en algún tiempo, si ante tal situación la solución es ir en su búsqueda, sin detenernos debemos hacerlo y si ya no podemos hacer absolutamente nada, es necesario perdonarnos, absolvernos a nosotros mismos, asimilando con fortaleza esta experiencia.

Sin nostalgias y sin tristezas debemos practicar la soledad que nos lleve al análisis y a la construcción de nuestra propia persona y sobre todo a visualizar en forma más clara nuestra misión y lo que debemos hacer para convertirla en realidad.

Las estrellas viajan solas en el universo y si usted aspira a ser un líder de Excelencia atrévase a aprender de sí mismo y encontrar en su propia soledad su razón existencial.

 

 

Miguel Ángel Cornejo

 

Fuente: Enciclopedia de la Excelencia

El poder transformador

Tomo VIII, pág. 2699

 


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