El poder transformador
Un niño le preguntó a un escultor que trabajaba con un bloque de mármol
—¿Qué haces?
—Espera y lo verás —le contestó.
Días después, el niño admiró sorprendido la hermosa águila que este
hombre había esculpido y nuevamente preguntó:
—¿Dónde estaba?
—Dentro del bloque de mármol.
—¿Pero cómo la sacaste?
—Solamente quité el mármol que le sobraba.
—¿Y todas las piedras guardan águilas?
—No, hay una gran variedad de figuras y además todas son diferentes.
—¿Cómo sé que hay una figura bonita dentro?
—Si observas el bloque con cuidado, estudias sus características,
seguramente podrás imaginar la escultura que hay dentro.
—¿Y hay también monstruos?
—Claro, depende de ti si lo que deseas encontrar es algo hermoso o
espantoso.
- Si yo deseo solamente figuras bellas ¿qué debo hacer?
—Con mucho cuidado, paciencia y amor ve quitando el mármol que le sobra
y verás cómo la magia hará que la piedra se transforme en una escultura
extraordinaria.
Así, el líder se convierte en un escultor de su gente y logra hacer de
personas ordinarias seres extraordinarios; el poder transformador que
han aplicado los líderes más destacados, logra desarrollar gente de
calidad a su alrededor. Ellos son en realidad los que llevan a cabo el
sueño del líder; las obras las hacen los seguidores y es por ello que
deben ser su principal ocupación.
Sócrates sustentaba que los esclavos y los nobles tenían la misma
capacidad para razonar, principio universal que nos distingue de los
animales; así todos los seres humanos tenemos la potencialidad de
superarnos; una tortuga no se puede hacer más tortuga, un caballo más
caballo, en cambio el ser humano cada día puede lograr ser más humano
haciendo crecer sus virtudes y potencialidades.
Lo difícil es encontrar un escultor que nos ayude a quitarnos todo
aquello que nos estorba y haga surgir de nosotros lo que debemos llegar
a ser en similitud a la metáfora del águila de mármol.
Uno de los secretos más valiosos de los líderes de Excelencia es cómo
lograron la transformación de sus seguidores: Jesucristo hizo de un
puñado de pescadores un grupo de líderes con trascendencia histórica;
Gandhi transformó a personas burguesas en luchadores por la libertad;
Golda Meir de comerciantes hizo idealistas; Hidalgo, de explotadores,
defensores de la dignidad humana; Disney de gente común a productores de
felicidad humana; tan sólo citamos a algunos de ellos, y la pregunta es:
¿cómo lo hicieron?, reflexionemos profundamente en la siguiente metáfora
que combina los principios más avanzados para modificar y transformar la
conducta humana.
El discípulo le preguntó al maestro:
—¿Cómo podré transformar a mis alumnos para que sean excelentes?
—Interésate por cada uno de ellos en forma individual y trata de
descubrir sus principales virtudes.
—¿Acaso todos los seres humanos poseen virtudes?
—Si una persona no tuviera una sola cualidad sería un monstruo y si no
tuviera una sola limitación dejaría de ser humano y se convertiría en un
dios.
—Pero hay seres humanos que se tienen en muy poca autoestima.
—La labor más importante y delicada es hacer que la persona crea en ella
misma; en la medida en que lo logres, empezará a autorrespetarse y por
consecuencia a esperar más de sí misma.
—Pero también hay seres indolentes y perezosos, ¿qué hacer con ellos?
—Deberás crear grandes expectativas, convencerlos y animarlos a que se
decidan a convertirse en lo que deben llegar a ser, los deseos son la
chispa que enciende la voluntad, que es el timón de la vida.
—Y si logro convencerlos ¿qué sigue?
—Preparación; sedúcelos para que se enamoren del estudio, que representa
la renovación mental, muchos cerebros mueren casi como nacieron: vacíos;
es necesario, además, que entiendan que el esfuerzo es el único camino
que los conducirá a donde quieren llegar. Querer y hacer son la fuente
del poder; el no esfuerzo te lleva a la nada, el que no se esfuerza nada
logra.
—Maestro, pero hay personas que creen saberlo todo o sencillamente ya no
les interesa aprender nada nuevo.
—La soberbia es la manifestación más representativa de la mediocridad y
señala el final del ser humano, todos tenemos como destino natural nunca
dejar de crecer, haz entender, al ser que se cree sabelotodo, en qué
océano de ignorancia vive, haz que te explique por qué una rosa huele a
rosa y un jazmín a jazmín, y si aún así no lo comprende, pídele que le
explique, con su sabio lenguaje, el color azul a quien ha nacido ciego;
recuerda que sólo yendo de la mano de la humildad podrás recorrer el
camino del saber.
—¿Y si la gente se desanima ante tanto esfuerzo y preparación?
—Reconoce cada avance, premia todo esfuerzo por pequeño que sea y ten
cuidado de nunca engañar a nadie otorgándole un reconocimiento que no
merezca. Siendo auténtico, sencillo, directo y con tu mejor sonrisa
entrega los honores que los demás han conquistado; nunca te guardes un
reconocimiento, es una grave deuda que tu honor jamás te perdonará.
—¿Eso es todo lo que tengo que hacer para transformar a los demás?
—Estaría incompleto el proceso, pues aun cuando la gente logre creer en
sí misma, busque permanentemente la preparación, y haya asimilado que
solamente a través del esfuerzo podrá conquistar lo que desea y que la
humildad lo conducirá a la fuente inagotable del saber. Falta lo
esencial, entrégales una estrella, un ideal por qué luchar, un sueño por
realizar y entonces todo lo anterior, en lugar de ser un obstáculo se
convertirá en reto porque les has entregado lo mejor de su vida: una
razón para existir.
Y finalmente, transmíteles que esta labor la has hecho porque estás
convencido de que Dios los necesita y sin ellos su creación no puede
continuar.
El alumno hizo una respetuosa reverencia de agradecimiento y con un
brillo especial en su mirada salió a conquistar el amor en los seres
humanos, para agradecerle a Dios que hoy había descubierto una razón más
para estar en su creación.
Miguel Ángel Cornejo
Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
El poder transformador
Tomo VIII, pág. 2678