Hasta no ver no creer
“Hasta no ver no creer”,
decía Santo Tomás. Yo percibí algo similar ante una anécdota que me
narró un buen amigo.
En la primera
oportunidad que tuve me embarqué para hacer un largo viaje a Nueva
Zelanda, al otro extremo del mundo. Una vez instalado allí y a pesar de
no haberme recuperado de tan extenso trayecto, mi curiosidad se impuso y
me lancé a la búsqueda de la información que me tenía tan intrigado.
Alquilé un auto,
consulté un mapa y me dispuse a recorrer los caminos secundarios de tan
maravilloso país. A las dos horas de haber iniciado la excursión, la
oportunidad se me presentó; estacioné el auto fuera de un pequeño
supermercado a la orilla de la carretera, tomé una canasta para ir
depositando mis compras, un rollo de cámara fotográfica y unos refrescos
en lata. Llegué a la caja, tomé una calculadora para sumar el importe de
mis compras, saqué la billetera, deposité el dinero en la caja, tomé el
cambio a mi favor y salí. ¿Dónde estuvo la sorpresa? En que no había un
solo empleado en la tienda, nadie que verificara si me estaba llevando
la mercancía sin pagar o liquidando un importe inferior. ¡Increíble, una
tienda sin empleados ni vigilantes!
La investigación la
extendí hasta llegar a entrevistar a los dueños de estos comercios y el
diálogo con diferentes de ellos llegaba a la misma conclusión.
—¿Cómo es posible que
usted como dueño no vigile su negocio, no teme que le roben?
—Claro —contestó—, se
puede dar el caso, pero la balanza es casi siempre a favor: el cliente
es honesto.
—Bueno —agregué—, usted
es un pequeño comerciante, además la mayoría de los propietarios que he
entrevistado son pequeños agricultores o ganaderos y su capital no es
muy cuantioso, ¿aun así se arriesga a operar en esa forma?
La respuesta fue
contundente: “La honestidad es una forma de vida, nosotros no concebimos
otra forma de ser”.
Cuánto daño nos ha hecho
el engaño, la mentira y el robo cuando sabemos que la honestidad es el
único camino para transitar en la vida. Hay quien me replica: tú puedes
confiar pero si los demás no son honestos ¿qué debes hacer? Pues
sencillamente seguir siendo honesto. El ladrón es el dueño del problema
y sin caer en fantasías y cuentos románticos, es importante y
fundamental ejercer la honestidad; además es nuestra gran oportunidad de
ser fieles ante nosotros mismos y alcanzar el incalculable valor de la
honestidad, galardón que se han ganado los líderes extraordinarios que
han beneficiado a la humanidad.
¿Disfruta al hacer bien
las cosas aunque sólo usted lo sepa?
El método "no te
compliques", ¿es para usted la manera más honesta de transitar en la
vida?
¿Es capaz de confiar
100% en sus colaboradores?
¿Es usted un ejemplo de
honestidad para quienes están bajo su mando?
¿Cómo inculcaría en
nuestra sociedad el valor de la honestidad?
Recuerde: La
honestidad consiste en hacer lo que tenemos que hacer, aun cuando
estemos completamente solos.
Miguel Ángel Cornejo
Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
Líderes del tercer
milenio
Tomo IX, pág. 3623