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BÚSQUEDA
DE LA EXCELENCIA A NIVEL MUNDIAL
Un factor característico en que se basa
la filosofía de Colegio de Líderes Miguel Ángel Cornejo son las investigaciones que se han
hecho a lo largo de más de tres décadas.
En esta ocasión, presentamos a
Carlos Gerardo Martínez González, un joven estudiante muy
entusiasta que a raíz de un viaje de investigación de varios meses
se convirtió en nuestro
corresponsal en línea.
Lo invitamos a compartir sus
experiencias en este maravilloso viaje de conocimientos que
realizó.
¡Conoce más de Carlos G.
Martínez!
Lleva toda la historia de
este viaje, accediendo al historial de reportes,
haz clic aquí.
Hoy en día, es nuestro colaborador en
esta sección y queremos compartir con ustedes sus artículos.
Indiferencia: el mal de nuestro siglo
Nuestro planeta está constantemente en movimiento. Gira y rota, es
decir, se encuentra en un continuo cambio de posicionamiento. Nuestras
sociedades no se exentan de cambios; vivimos en un mundo que a lo largo
de su historia ha experimentado diferentes realidades; por eso hoy, casi
al cumplir la primera década del siglo XXI, no debemos asombrarnos sobre
el panorama que nuestro mundo está experimentando.
El problema no es que la realidad sea distinta sino que no queremos o
sabemos comprender el nuevo entorno. Es lógico, el ser humano por
naturaleza teme a lo incierto. Pero creo que esta incertidumbre está
siendo mal fundada en un completo desconocimiento sobre la realidad del
mundo actual. Tal desconocimiento proviene de un anti valor que es el
enemigo más grande que el ser humano tiene para desarrollar sus
potencialidades: la indiferencia. Así es, debido a la indiferencia no
somos capaces de tomar acción en dónde vemos oportunidades de
desarrollo; debido a la indiferencia no somos capaces de dar lo mejor de
nosotros mismos a quienes más lo necesitan; debido a la indiferencia
aunque conozcamos las soluciones a los pequeños y grandes problemas, no
somos capaces de decidir que es tiempo de solucionarlos.
La indiferencia equivale a convertirnos en seres humanos irresponsables
con la misión de nuestro existir. La indiferencia produce desinterés
respecto a lo que acontece en el mundo, nos hace creer que los demás
(gobierno, sociedad, políticos, vecinos, maestros, religiosos,
multimillonarios, etc.…) son los que deberían ocuparse de ello. Pero que
equivocados estamos. Hoy la realidad del mundo es totalmente distinta y
su futuro más que incierto es también diferente.
Los recientes acontecimientos mundiales se han convertido en las pruebas
más contundentes de que el 2008 no es lo mismo a 1908; tan sencillo como
eso. Mientras el mundo experimenta un profundo reacomodo de fuerzas
tanto políticas, sociales y económicas, nosotros seguimos enfrascados en
nuestra pequeña burbuja, en dónde nada es más importante más que
nosotros mismos y lo que ocurra afuera de nuestros límites
territoriales, por así decirlo, no es asunto de nuestra incumbencia;
parecería que aplicamos de forma estricta el concepto de nacionalismo
para nuestro propio ser, algo totalmente egoísta.
El pasado 29 de septiembre del 2008, día histórico debido a la caída más
grande en la historia de Wall Street; atestiguamos la más clara prueba
de que el presente es totalmente distinto. Es importante destacar que no
es la primera señal de cambio, hemos tenido ya manifestaciones claras en
los últimos años al respecto. Empecemos por el cambio de numeración de
1999 al 2000 marca ya una diferencia histórica y quizá la más
ilustrativa que los tiempos son distintos. Los ataques terroristas del
9/11 cambiaron las formas de desplazamiento y transportación tanto de
personas, capitales y mercancías alrededor del mundo; además provocaron
miedo, absurdas percepciones en contra de culturas distintas a las
occidentales y ocasionaron dos guerras inesperadas y sin sentido. Hemos
experimentado grandes avances en la tecnología y las telecomunicaciones.
Somos testigos del crecimiento imparable de las dos nuevas potencias:
China e India. Rusia vuelve a ser actor principal y ha estrechado
peligrosos lazos con países latinoamericanos. Juan Pablo II murió.
Empezamos a vivir las consecuencias del cambio climático y el
calentamiento global. Hollywood ya no es la principal productora de
películas del mundo sino lo es Bollywood en la India por citar un
ejemplo de cambio en las industrias. Los chinos ya llegaron al espacio.
Recientemente, Wall Street dejó de ser lo que antes era, ocasionando
otra recesión económica. Además hoy reconocemos la importancia de
diversas economías que han ascendido, cobrado importancia a nivel
mundial y siendo exitosos en sus políticas económicas y sociales.
Desgraciadamente México en contra de todas las proyecciones que
predecían lo contrario, no ha sido capaz de potencializar las enormes
oportunidades que se nos han presentado y seguimos por el mismo camino,
sin pena ni gloria. Nuestro país hace unas décadas era el país de moda,
el del futuro; hoy ya no. Vemos como en Latinoamérica Brasil nos ha
superado en competitividad, transparencia y seguridad jurídica, rubros
esenciales para atraer inversión; generando así crecimiento económico y
bienestar social. México también ha sido víctima de la indiferencia. De
nosotros dependerá empujar a nuestro país hacia un camino de éxito;
todavía estamos a tiempo.
Lo que hoy ocurre no es la caída de los Estados Unidos, sino es que el
resto del mundo está creciendo y los está alcanzando; compitiendo a la
par en un mundo de recursos limitados. Este es quizá el cambio más
grande del siglo XXI y no es negativo, por el contrario, significa el
inicio de una nueva era en la humanidad, la mejor de todos los tiempos
quizá; si sabemos entenderla y desarrollarla.
Nuestra indiferencia y desconocimiento no pueden seguir siendo las
barreras que nos impidan escribir páginas exitosas en la historia que
hoy estamos construyendo. A lo largo de los tiempos hemos sido testigos
que los inicios de siglos son épocas de grandes cambios que van
moldeando el curso de lo que acontecerá en el futuro. Hoy estamos frente
a esos momentos; difíciles, diferentes, pero trascendentales para
construir las bases que regirán los años porvenir. Nuestra indiferencia
nos ha cegado, nublado la vista para comprender la magnitud de este
momento y su trascendencia en la historia de la humanidad.
Debemos recobrar el interés, estudiar y prepararnos para el futuro. El
primer paso es sencillo; entendamos que el mundo en el cual vivimos no
es el mismo en el cual nacimos. Nunca antes en la historia los seres
humanos teníamos la oportunidad de estar tan cerca unos de los otros.
Hoy en un segundo nos comunicamos de México a China; en segundos podemos
traspasar capital de Inglaterra a Sudáfrica; en tiempo real podemos
estar en Estados Unidos y ser asesorados por personal que se encuentra
laborando en la India como parte de un sistema de atención al cliente o
asesorías contables y legales por medio del maravilloso internet.
Vivimos en un mundo más pequeño, donde ya no existen fronteras. La
consecuencia es que todo cambie. El aprendizaje de los demás países se
ha traducido en progreso y avances. Por ello en lugar de tener como
antes, opciones limitadas; hoy no podemos conocer siquiera las gama de
posibilidades posibles, porque son una infinidad en cualquier supuesto
que lo queramos aplicar.
Por ello hoy Estados Unidos ya no es el centro del mundo; porque hoy es
tan importante venderle a los Estados Unidos como lo es venderle a
cualquier otro mercado en crecimiento; hoy es más conveniente, barato y
seguro invertir en cualquier otro país del mundo; hoy países de Asia y
África están demandando más petróleo y energía. Hoy el mundo tiene más
posibilidades; por inercia las fuerzas se están reacomodando.
Otro punto importante es que las instituciones internacionales fueron
pensadas para satisfacer las necesidades derivadas del fin de la Segunda
Guerra Mundial, no las actuales. Ejemplo de ello es que el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas está compuesto por los países
triunfadores de la guerra, pero no por los países más importantes del
siglo XXI. Ni India, ni Sudáfrica, ni Arabia Saudita, ni ningún país
latinoamericano tienen presencia permanente. Por eso vemos hoy que los
problemas mundiales son cada vez más difíciles de comprender y
solucionar, cuando por el contrario debería ser mucho más sencillo. Es
tiempo por ello de construir las bases del nuevo siglo, hemos llegado a
un desgaste institucional, social, político y económico alrededor del
mundo. Los factores de juego y las variables han cambiado. Requerimos
adecuar las instituciones internacionales a las necesidades y realidades
que vivimos hoy; si no lo hacemos estamos frente a la posibilidad de
sufrir retrocesos históricos y catastróficos para la humanidad. Ejemplo
de ello es la ACTA PATRIOT de los Estados Unidos, en donde se violan los
principios del debido proceso penal y los derechos fundamentales de la
persona. Es decir estamos retrocediendo, tirando a la basura todo lo que
el ser humano ha conseguido a lo largo de la historia, simplemente
porque no entendemos la realidad cambiante de nuestro mundo y mucho
menos a las distintas culturas y sociedades con las que convivimos e
interactuamos día a día.
Desde mi perspectiva el cambio para poder aprovechar este momento es
adentrarnos en una nueva cultura, avocarnos al conocimiento y desarrollo
de nuestras potencialidades. Debemos dejar a un lado la indiferencia y a
tomar conciencia de lo que pasa en China, India, Sudáfrica, Turquía y
demás países del mundo, porque tarde o temprano repercutirá sobre
nosotros. Es tiempo de una nueva actitud, propositiva y conciliadora. El
mundo no necesita más guerras sino acuerdos y para conseguirlos hay que
entender a la otra parte, hay que construir una relación con el otro;
esta es la única forma para poder comprender y unir fuerzas a nivel
mundial.
Por eso los seres humanos hoy en día y sobre todo los jóvenes debemos
ver más allá de nuestras fronteras o de nuestros países vecinos. Debemos
tener una visión global sustentada en el conocimiento sobre las
culturas, tradiciones y formas de organización de las demás sociedades.
Entendiendo por principio que ninguna nación es ni perfecta ni igual a
otra, cada país tiene su forma, su esencia, su pasado, sus motivos e
intereses. Respetemos para ser respetados, entendamos para ser
entendidos, ayudemos para ser ayudados. Nuestro mundo hoy está
totalmente interconectado y esa es la realidad con la que vivimos. Es
momento de construir las bases para que el futuro sea próspero y
transcurra en paz; para que el mundo pueda generar más riqueza y sea
mejor distribuida; para acabar con el hambre y la falta de
oportunidades; para asegurar una educación de calidad a nivel mundial;
para encontrar las curas a los males que nos destruyen y dividen; para
llegar a los planetas que aún no llegamos; para conquistar cada uno de
nuestros sueños y sobre todo para vivir en un mundo armónico,
interconectado y feliz; ya que la felicidad es la aspiración máxima que
cualquier individuo, sociedad y país anhelan.
Acabemos con la indiferencia, el mal de nuestro siglo. El siglo XXI es
nuestro siglo, es el tiempo y espacio que tenemos para trascender. Entre
los seres humanos existen más coincidencias que diferencias, sólo que
nuestro desconocimiento nos hace creer lo contrario; démonos la
oportunidad de probar que sí podemos estar a la altura de los retos que
enfrentamos y que sí podemos construir un mejor lugar para disfrutar el
tesoro más grande que como seres humanos compartimos: la vida.
Carlos Martínez González
gt_carlos@hotmail.com
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