Hace muchos años en una cátedra de filosofía se nos planteaba un reto: ¿cómo hacer una línea más corta? El maestro trazó en una cartulina una pequeña línea como la que aparece en la gráfica 1, y la orden a sus alumnos fue la siguiente: “Háganla más corta, sin tocarla”.
Pasaron varios minutos sin que nadie pudiera dar una respuesta, hasta que el maestro se puso de pie, tomó un plumón y dibujó, junto a la primera, una segunda línea mucho más grande como se observa en la gráfica 2. ¿Cuál es su significado? La primera línea, la pequeña, son todos aquellos aspectos negativos de las sociedades: en ella está la corrupción, la deshonestidad, los antivalores que a toda nación aquejan; la segunda línea, la mayor, significa una corriente nueva y transparente, de tal fuerza que lo malo se verá, junto a ella, mucho más pequeño.
En el fondo esto quiere decir que es mucho más fácil crear hábitos de Excelencia que erradicar los antivalores que existen en la sociedad. Nos hemos desgastado durante muchísimo tiempo combatiendo lo malo que tiene nuestro país y hemos cometido la miopía de no crear valores superiores que hagan que lo malo se vea pequeño.
¿De dónde parten los fundamentos científicos de este concepto? Hay dos gigantes que pasarán al siglo XXI como sus grandes precursores: Albert Einstein es uno de ellos, de quien no hablaremos más, ya que es clara su aportación al mundo de la ciencia; pero el segundo, que no es tan conocido, viene a darnos una visión nueva de lo que debemos y podemos lograr, Carl Gustav Jung, el gigante de la psicología analítica, a través de la cual crea el concepto del inconsciente colectivo. ¿Por qué tanta insistencia con el inconsciente colectivo? Su importancia reside en que a través de trabajar con él, podemos influir para cambiarlo, y es la forma más directa de lograr un cambio de actitud en nuestro país, para ser mejores. También nos permite entender por qué las culturas de otras naciones tienen comportamientos tan diferentes a los nuestros y cuáles son sus efectos en un mundo globalizado.
¿Cuál es la parte central de una cultura? Las culturas se forman básicamente de costumbres, cuyo origen son los hábitos, ¿y qué son los hábitos?, son acciones repetitivas a tal grado que se llegan a convertir en costumbres y esas costumbres conforman las culturas (gráfica 3), las cuales están contenidas en el inconsciente colectivo de los pueblos. Así por ejemplo, en agosto de 1993 impartí una conferencia en España, ante 45 mil personas, en ella les dije que los españoles nos dejaron durante 300 años el inconsciente colectivo del despojo, ¿por qué?, porque la mentalidad del conquistador era que quien descubría algo, esto le pertenecía en automático. A cada lugar al que llegaba el conquistador se decía a sí mismo: “Esta casa es mía, porque yo la descubrí”, “esta mujer es mía, porque yo la descubrí”. Y el simple hecho de descubrirlo le daba el derecho a la propiedad.
Nos preguntamos todavía hoy, en este tiempo y en el momento actual, ¿el inconsciente colectivo del conquistador sigue vigente? Yo creo que sí, si alguien se encuentra una cartera o cualquier objeto en una calle de algún lugar de nuestro país, ¿a quién le pertenece? A quien lo descubrió.
Si por otra parte recordamos que el hábito durante 300 años en nuestro país fue trabajar sin cobrar, entonces ¿qué significa hoy el trabajo en el inconsciente colectivo del mexicano? Pues que el trabajo es una desgracia, una obligación, el trabajo es tan malo que hasta pagan por realizarlo.
“Espera hijo, espera, algún día tendrás tu recompensa”. Entonces, los mexicanos nos hemos convertido en seres milagreros, inconscientemente esperamos que algo suceda para que nos resuelva nuestra vida.
Hoy podríamos afirmar, en forma irónica pero con mucho sentido, que en nuestro país más que católicos adoramos a “Alá”, porque “ala mejor baja el dólar”, “ala mejor nos va bien”, “ala mejor nos sacamos la lotería”, “ala mejor Dios nos ayuda...”. Y “ala” y “ala”, y nunca lo logramos porque estamos esperando un milagro, una circunstancia que en un momento dado nos modifique nuestra circunstancia existencial. Por ello el éxito de la Lotería Nacional, de Pronósticos Deportivos y de tantos otros sorteos, que constituyen la esperanza de que eso nos va a resolver la existencia.
Recuerdo que hace algunos años me encontraba en el metro de la ciudad de Tokio, era un día lluvioso, caía un aguacero torrencial, en las salidas había grandes cantidades de paraguas, sorprendido le pregunté a la persona que me acompañaba qué significaban esos paraguas y me dijo: “El metro te los presta para que te protejas de la lluvia, te los llevas y al día siguiente los regresas”. Exclamé con sorpresa: “¿Puede ser, será tanta la confianza que depositan en las personas que viajan en el metro para que sin firmar un vale, o dejar su pasaporte o su licencia, se los presten?”. Y me contestó: “Con confianza, toma el paraguas y llévatelo, mañana lo regresas”. Aun así, con cierta desconfianza lo tomé y cuál fue mi sorpresa que al día siguiente todos los paraguas estaban en su lugar, ¿por qué?, porque el inconsciente colectivo japonés dice que si yo me encuentro algo no significa que me pertenece a mí, sino que lo han perdido y es propiedad de otra persona. El inconsciente nos hace realizar acciones instintivas, es decir, no se hacen conscientemente sino que se realizan por la costumbre, un hábito heredado de abuelos a padres y de éstos a sus hijos, y en forma no pensada, no reflexionada; por ello lo que es encontrado en ese momento se devuelve, por eso el metro de Tokio tiene el récord mundial de artículos extraviados y devueltos, y así funciona el inconsciente colectivo.
Imaginemos ahora que transitamos por las calles de Calcuta o Nueva Delhi y nos encontramos con un enorme congestionamiento de tráfico, y que éste lo está causando una vaca, nosotros de inmediato pensaríamos que la deben mover, pero como en el inconsciente colectivo de los hindúes la vaca es sagrada, nadie se atreverá a tocarla. En nuestro caso, los mexicanos somos católicos porque nuestros padres, abuelos y bisabuelos nos han legado esa tradición, por eso inconscientemente bajamos el volumen de voz cuando entramos a un templo, nos santiguamos enfrente de las iglesias, etcétera.
México vivió hace algunos años un proceso de cambio de denominación monetaria con los nuevos pesos, que consistió en quitarle tres ceros a la moneda anterior, y para hacer caer al inconsciente de la ciudadanía las cifras de las nuevas monedas tardó más de dos años, durante los cuales recurríamos una y otra vez a las cifras expresadas de la manera anterior, sin embargo, después de este tiempo los nuevos pesos ya han entrado al inconsciente colectivo.
Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
México !Únete a la Excelencia!
Tomo III, pág. 1067